sábado, 13 de febrero de 2010

El Ángel y la Didáctica del Cálamo

Lo “milenario” de la caligrafía no es el tiempo que ella ha estado ahí. Es esa

temporalidad a la que nos expone cuando nos entregamos a su práctica. El

trazo, además de articular fonemas y significados, también pone en marcha

otras formas del sentido y otros modos de conocimiento. El sufismo, como vía

iluminativa del Islam, esta compuesto por constelaciones de prácticas que

invitan y que suscitan en los practicantes, maneras siempre nuevas de vivir

“esso milenario” presente en la Expresión Creativa.


Hacer caligrafía es como abrir una puerta… Un sitio que me relaciona a otra

morada. Como si fuera natural: el sol sale, el agua corre. El papel se dispone y la

tinta abraza la caña, el cálamo. Luego, tinta y cálamo se pasean de la mano e

invitan al pensamiento a unirse en el camino.


En ese recorrido el pensamiento aprende, comprende. Y cuando la mano sella,

el pensamiento olvida y nace la experiencia en el cuerpo. Cuando el cálamo deja

de ir de la mano, la memoria se nubla, aunque la contemplación permanezca.

Cuando los sellos se asientan en el papel y dejan su huella, la contemplación se

esfuma. El sol o el viento, seca la tinta y ya está.

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